viernes, 4 de febrero de 2011

Un ida y vuelta

 Cuan alejados estamos a veces de nosotros mismos, cuan  alejados estamos del otro. En este ida y vuelta, quizás con un poco de esfuerzo y de entusiasmo, empujados  por nuestros deseos de llegar a descubrir al otro y a nosotros mismos nos podamos ver a los ojos en una mirada más sincera y más comprensiva. Quizás escarbando un poco hallemos la esencia  de un mundo perdido…

El tema de hoy tiene que ver con la imagen interior que tenemos de nosotros mismos, con la imagen que proyectamos y con la imagen que el otro recibe e interpreta de nosotros.
Tal vez para algunos parezca demasiado complejo e inverosímil  todo esto pero si vamos paso a paso iremos desenredando esta maraña  y nos daremos cuenta que no siempre sabemos quiénes somos, no siempre somos lo que aparentamos, no siempre somos lo que deseamos ser y no siempre el otro nos ve tal cual somos.
El saber quién soy es un requisito fundamental para crear una imagen más real de la que tengo, más acorde conmigo, una imagen que se acerque a mis verdaderos sentimientos y deseos.
Punto uno: debo saber quién soy buscándome interiormente. En esta búsqueda y en este encuentro surgirá seguramente una nueva imagen de nosotros.
Punto dos: a veces no me muestro tal cual soy, escondiendo mis sentimientos, mis ideas, mi comportamiento, mis deseos. Claro, a veces es necesario cierto autocontrol porque bien sabemos que no todo se puede decir ni hacer, que si bien es bueno ser sinceros también  debemos ser cautos a la hora de expresarnos. Entonces, dentro de ciertas normas de comportamiento, donde no lastimemos a nadie debemos intentar mostrar lo que somos y  lo que queremos. Esto es positivo  en cuanto no mentimos ni engañamos al otro y en cuanto sentimos una liberación interior que nos hará seguramente más felices. Todo depende de lo que tengamos que decir, de quién sea nuestro interlocutor y del contexto o situación.
 En esta búsqueda interior y en este intento por mostrarme tal cual soy  puedo descubrir  que no todo está bien, que no todo es perfecto, que tal vez no soy una persona impecable en mis actos ni en mis pensamientos. Si bien nunca vamos a encontrar la perfección podemos mejorar  nuestro comportamiento mediante la reflexión y la voluntad.
Punto tres: Ser lo que queremos ser. Esto tiene que ver con nuestros sentimientos, con nuestros sueños, con nuestros proyectos y necesidades. Si bien yo dije que no debíamos lastimar a veces resultará imposible no hacerlo, porque no siempre el otro estará de acuerdo con lo que queremos. Nuestra realidad puede chocar con la realidad  del otro pero esto no deberá ser un impedimento para detenernos o doblegarnos.
Punto cuatro: En esta necesidad de ser es donde aparecen en escena los otros.  ¿Somos lo que queremos ser? ¿O somos lo que los otros esperan de nosotros? Muchas veces, por miedo, por inseguridad y falta de autonomía o por complacer  nuestra imagen responde a lo que los otros quieren que seamos.  Nuestra vida nos pertenece  y por tanto seré  el arquitecto de mi propia morada porque nadie más vivirá en ella.
Punto cinco: ¿Nos ve el otro? ¿Nos conoce? Muchas veces las personas más cercanas a nosotros nos desconocen y esto nos produce una gran desazón. El otro tiene una imagen de nosotros que no coincide con lo que somos. Aprender a ver será sumamente importante si queremos conocer a quién tenemos al lado.  ¿Pero qué hay más allá de lo que se ve? Mucho podemos aprender del otro si nos detenemos a observarlo. Basta afilar la mirada y la atención. Cada persona, es un conjunto de gestos y actitudes, las cuales hablan de ella más allá de lo que dicen sus palabras. Si prestamos atención veremos cómo detrás de las palabras o de los gestos se escucha algo  que no se quiso decir. Pero no sólo podemos aprender a “leer” al otro sino que también podemos hacer algo aún más sencillo: acercarnos, hablar, preguntar, interesarnos, comprender  y saber escuchar sin juzgar. Es muy duro darse cuenta que para los más cercanos a veces uno puede ser un absoluto misterio y no tanto porque no nos damos a conocer sino porque el otro de alguna forma no nos quiere ver, no nos comprende  o no hace nada para modificarlo. Es importante que todos profundicemos nuestra mirada para conocer de verdad al otro porque lo que  yo creo puede estar lejos de la realidad.
Punto seis: La mente acomoda a los otros en una especie de “fichero de personalidades”. Cada uno posee una ficha mental  del otro,  en la cual, a nuestro parecer, anotamos los rasgos más característicos. No sólo puede que nos equivoquemos sino que esta imagen ya instalada difícilmente pueda variar en sus conceptos.
-Tal vez  hayamos cambiado pero  la imagen del otro se mantiene inamovible sin que atisbe  siquiera  cambio alguno  en nosotros.
 -Tal vez nosotros queramos cambiar  pero no nos atrevemos porque  forzados a mantener cierta imagen o a responder a lo que el otro cree de nosotros  quedamos “amarrados” a los pensamientos ajenos.
-Puede suceder que lo que nos ata sea  nuestro propio juicio o nuestra creencia de que no podemos.
  No aceptemos los etiquetamientos ajenos,  no nos quedemos anclados en nuestro propio juicio, no seamos tan duros con nosotros mismos si tenemos más para dar y si aún hay mucho que mostrar.  Es importante  romper con esto y por un lado permitirnos ser y cambiar y por otro aprender a ver y a aceptar los cambios de los demás.
Punto siete: La ficha del “raro” o de la aceptación por acostumbramiento. Puede suceder que el otro, viendo determinados cambios en nuestro comportamiento nos reubique en su mente pero esta reubicación no implica un interés por determinar que nos llevó a eso. Quizás en una primera instancia provoquemos en el otro una especie de desestabilización emocional porque no sabe donde ubicarnos ya que no encuentra  coincidencias entre el nuevo personaje y el anterior. De todas formas la conmoción pasa y todo se torna costumbre, la mente vuelve a la tranquilidad habitual absorbiendo los cambios sin cuestionamiento alguno.
Entonces, están los que por desinterés, falta de visión o egoísmo  no quieren o no pueden cambiar, está el que por diferentes circunstancias o posibilidades carece de un mundo interior propio y cuya imagen no deja nada que descubrir porque simplemente es lo que es, lo que se construyó o construyeron de él, está el que no ve al otro o ve lo que quiere ver o pretende crear al otro a su antojo y está también el que no es visto.
A la hora de relacionarnos existe un ida y vuelta en el que no sólo debemos cuestionar nuestra falta de visión, de comprensión  y análisis sino nuestra manía de comportarnos de acuerdo a los deseos del otro. Tal vez no seamos conscientes de esto pero en este mundo de relaciones cedemos mucho de nosotros mismos para agradar, complacer o encajar.
No se trata de volvernos egoístas sino de ser más auténticos, de conocernos, de aceptarnos y de respetar nuestros propios deseos y no tanto los de los otros. Los otros siempre van a juzgar, siempre nos van a decir qué camino debemos tomar pero crecer significa hacer nuestro propio camino. Con esto no  quiero decir que debamos desoír consejos sino que demos oír un poco más nuestra vos interior, una vos que primero debemos aprender a escuchar.
Aprendamos a ver más allá de las apariencias, aprendamos a conocer porque tal vez el otro necesita ser visto  y también veámonos a nosotros mismos en este juego de la vida donde a veces interpretamos o cumplimos  roles que no sólo nos hacen sufrir sino nunca quisimos interpretar.

(Publicado en Periódico Cultural Hilando Recuerdos - http://hilandorecuerdos.blogspot.com/)

martes, 4 de enero de 2011

¿Por qué el hombre necesita controles?

El hombre crea y organiza su forma de vida en modos que llama sistemas y estos a su vez  crean a los hombres. Dos engranajes de un mismo mecanismo que se retroalimentan y que merecen nuestro análisis a fin de romper con ciertos patrones de conducta nocivos.

He escuchado decir, en varias oportunidades, que el hombre  necesita  controles  porque de lo contrario el mundo sería un caos.  En parte, adhiero a este pensamiento porque la realidad tal cual es no puede ser resuelta  de otra manera. La ley, el orden, la moral son remedios  que actúan sobre una realidad enferma y que alivian parcialmente su dolor. Una batalla eterna que combate sin soluciones definitivas.  He ahí la primera cuestión: el hombre y su comportamiento. La segunda cuestión es: los sistemas que imponen orden y moral. Ambos deben ser analizados y cuestionados. Debemos preguntarnos  ¿Por qué el hombre se tuerce tan fácilmente? ¿Por qué se corrompe?  Pero también debemos peguntarnos: ¿Quiénes son los que nos controlan? ¿Qué tipo de controles ejercen? ¿Qué tipo de manipulaciones? ¿Qué tipo de condicionamientos imponen? ¿Funcionan correctamente?
Antes de comenzar a analizar estos dos postulados  quisiera detenerme en la frase con la cual comienzo esta reflexión: “el mundo necesita  controles porque de lo contrario el hombre sería un caos”
Tengo la sensación que  cuando las personas dicen esto no sólo expresan un simple pensamiento o postura sino que enuncian sus miedos, sus limitaciones  y sus propias necesidades. Expresan su necesidad de sentir que algo los contiene, que algo les da un marco de sentido, que algo los ampara o protege y a su vez me están diciendo “no hay otra forma de vivir”,  “no nos saques todo porque nos quedamos sin nada”,  “algo debe establecer por mí lo  que está bien y lo que está mal”  El miedo a perder algo y el miedo a lo nuevo siempre está presente.  La costumbre es más fuerte que cualquier cambio por más positivo que éste pueda ser.
Lo establecido es aceptado aún siendo  contradictorio, estúpido o ilógico y lo nuevo es rechazado  o puesto en tela de juicio. Cuando alguien plantea una nueva idea el hombre tiende a caer en los mismos análisis de siempre, dando voz a pensamientos que en verdad carecen de profundidad o que ni siquiera  son propios sino que están instalados en la sociedad. El hombre consume ideas (como cosas materiales) y no hace una reflexión interna verdadera.
Bien, comencemos con la primera cuestión que antes había planteado: el hombre y su comportamiento.
 Si ponemos la mirada sobre él veremos que necesita leyes,  necesita un sistema contenedor de creencias que le digan qué hacer y cómo comportarse, en definitiva, necesita un orden  para contrarrestar o para combatir el desorden, para combatir su propia inmoralidad e injusticia. No hay modo de darle autonomía y libertad plena  porque no tiene la capacidad de manejar con responsabilidad, justicia e igualdad su propia libertad.  Y aquí es donde llegamos al centro mismo del huracán: el interior del hombre. Porque al final de cuentas EL MUNDO ES UN ESPEJO, UN REFLEJO DE LO QUE SOMOS.  El problema radica en su comportamiento, en su percepción errónea de la realidad, en sus ideas, en su ignorancia y en su credulidad acerca de todo lo que le es dado de antemano. Él es el gran creador de conflictos. Sé que esto es una obviedad pero parece  que nadie se preocupa realmente por comenzar a cambiar ese centro. Cambiar el centro es difícil mas  no algo imposible,  lo que sucede es que  no hay disposición para semejante trabajo  porque en primer lugar las personas no comprenden qué significa este cambio en  realidad.
 Esta trasformación interna va mucho más allá de lo que puede ofrecer la  acción educativa actual o de los valores que la familia pueda trasmitirnos. 
Enseñar para transformar  la consciencia  en nada se parece a lo que actualmente hacemos con los niños. Lo que se necesita es educar  enseñando a reflexionar,  a cuestionar, sin mentiras y con auténtica libertad. Es necesario generar una nueva forma de reflexión que apunte a despertar a las mentes de sus automatismos, que nos trasforme en generadores de ideas y no en meros consumidores.
Ser consciente significa algo más que tener ideas y conocimientos, ser conscientes significa en primer lugar poseer conciencia del yo, logrando una apertura total en nuestra mente. Significa desarrollar una mirada clara e intensa sobre la realidad y un pensamiento coherente, flexible  y justo. Debemos edificar sobre nuevas bases la realidad pero para ello tenemos que convertirnos en seres nuevos. Sé muy bien que para muchos esto es una locura, que para otros  puede resultar incomprensible o  imposible (o todo junto a la vez) o que para otros ya es tarde.  Es  utópico creer que el mundo cambiará como por milagro. No lo hará. Pero también sé que hay personas con potencial, capaces de escuchar, de comprender y de trasformar, personas que no le temen al pensamiento y que entienden que en la trasformación, en la renovación  y en la toma de consciencia radica la verdadera evolución. A  pesar de la realidad no debemos caer en el conformismo, no podemos  dejarnos llevar  porque simplemente todos van como rebaño para el mismo lado, no podemos caer en el  pesimismo y debemos apostar, aquellos que podamos y que queramos, a un mundo mejor.  Aún sabiendo que no podremos lograr cambios profundos y extensos ahora mismo, tenemos que intentarlo, porque nunca sabremos qué podemos generar  en el presente y menos aún en el futuro. Así como no sabemos hasta dónde puede llegar un  mensaje arrojado  en una botella al mar…
 La segunda cuestión es analizar los sistemas controladores o reguladores.  Intentar establecer orden parece ser necesario incluso a veces efectivo pero no siempre las formas en que el orden se impone son las más adecuadas. Las leyes son cuestionables y las formas en que se ejecutan también. Incluso  un sistema puede ser bueno en su estructura pero deficiente en su funcionamiento. 
Muchas políticas son injustas y arbitrarias, muchas religiones son extremistas, limitantes y represivas… ¿Entonces? Entonces también deberíamos cuestionar las formas en que el orden se imparte. No deberemos quedarnos solamente con el pensamiento  que dice  “el mundo sería peor sin orden o sin religión”, eso es demasiado simplista, sino que deberemos ampliar nuestra mirada y darnos cuenta que  a veces los controles no son los adecuados ni los mejores, a veces las leyes no son las más justas ni las creencias las más coherentes.
El hombre hizo al sistema y el sistema al hombre.  Por nuestra falta de autonomía, por nuestra falta de inteligencia, de sentido común, por nuestra ignorancia, somos prisioneros de nuestras creaciones.
Convertirnos en hombres conscientes nos ayudará a escapar de nuestras propias trampas  y a encontrar las respuestas dentro de nosotros para actuar libremente, de modo que no perjudiquemos al otro ni a nosotros mismos. Siempre que estemos ante un hecho o situación debemos  apelar al sentido común, la coherencia, la sinceridad, la comprensión y sensibilidad. Ponernos en el lugar del otro es una de las primeras cosas que debemos ejercitar, saber que el otro sufre así como también lo hacemos nosotros.  Si el otro no nos importa no nos importará dañarlo.
 Seamos dueños de nuestro ser, de nuestras acciones y de nuestros pensamientos. Seamos buenos no por temor ni por obligación sino porque los actos positivos nos conducen tanto hacia un crecimiento personal como social. La conciencia plena nos hará ver lo que somos y por tanto nosotros mismos seremos nuestros propios trasformadores y los trasformadores de nuestro entorno.
 Claro, que para lograr todo esto, hay mucho que aprender y un largo trecho por recorrer…

(Publicado en Periódico Cultural Hilando Recuerdos - http://hilandorecuerdos.blogspot.com/)

martes, 14 de diciembre de 2010

¿Sé quién soy?

En la columna anterior hablé de desarrollar una doble mirada reflexiva,  una que vaya dirigida hacia fuera, hacia el entorno y otra hacia dentro. Ahora quiero apuntar, específicamente hacia esa mirada interior, una mirada que nos ayudará a transformarnos.
Poco o nada sabemos de nosotros y  poco también parece ser el interés por averiguar algo más.  Tal vez algo tan importante se  nos escapó porque  nunca se  nos planteó la posibilidad de que había algo más que podíamos  llegar a conocer de nosotros.  Ante tal afirmación puede surgir la pregunta: ¿Cómo no me voy a conocer? No faltará quien diga saber quién es porque la idea de no conocerse  es directamente inaceptable. Como dueños de nuestros cuerpos y mentes nos consideramos conocedores de nuestro ser.  Ser los dueños no implica un conocimiento profundo, ni siquiera implica un control sobre nosotros y nuestros actos.  Nos pasamos la vida mirando hacia fuera y nunca hacia dentro.  Nuestro interior, está ahí,  acompañándonos pero nunca lo vemos porque estamos ocupados en cosas que para nosotros son más importantes.  Eso somos, habitantes de un mundo interior desconocido. Mirar hacia adentro significa aprender a conocernos  y a transformarnos a nosotros mismos. ¿Cómo soy? ¿Cómo me comporto y actúo con los demás? ¿Qué reacciones tengo? ¿Sé cuáles son mis problemas, mis conflictos? ¿Cómo los enfrento? ¿O huyo de ellos sin resolverlos? ¿Cuán egoísta soy?  ¿Qué sentimientos me invaden?  ¿De envidia? ¿De odio? ¿Cuánta sensibilidad por el dolor ajeno tengo? ¿Me pongo en el lugar del otro?  ¿Qué me da miedo? ¿Qué dolores arrastro? ¿Qué cosas me acomplejan? ¿Qué recuerdos  me torturan? ¿Qué parte en mi debo fortalecer? ¿Cuáles son mis deseos, mis anhelos?  ¿Cuál es la vida que quiero realmente? ¿La que tengo? ¿Hago algo por cambiar? ¿Soy coherente en mis dichos y en mis hechos? ¿Me valoro, me sobrevaloro o me desestimo?
 Hay muchas preguntas por hacernos y esto no debería ser un tormento ni un trabajo ni algo secundario. Muy al contrario, el autoconocimiento debe ocupar el primer lugar.  Si podemos responder a estas preguntas comenzaremos a explorarnos por dentro y a darnos la posibilidad de transformarnos para que nuestras vidas mejoren en calidad. No se trata de pelearnos con nosotros mismos, sino de vernos tal cual somos, aun a riesgo de que  nuestros hallazgos nos resulten desagradables. Tendremos la sensación de que se está librando una batalla dentro del pecho. Pero esto no deberá detenernos porque  transitar la crisis es necesario.  No importa cuan imperfecto seas, lo importante es poseer el deseo y la voluntad de mejorar. No hay otro camino, debemos enfrentar la tormenta porque cuando salga el sol nos estará esperando  un nuevo comienzo. Cuando el cielo se aclara todo renace en nosotros. Dejamos la mochila del pasado atrás y nos disponemos a caminar más livianos y más conscientes.
En esta batalla podrán suceder muchas cosas en nuestro interior ante las que no deberemos sucumbir como pueden ser la negación, la  culpa y el castigo, la autocompasión, o la autocomplacencia.
La negación será el primer obstáculo a vencer, de lo contrario ni siquiera habremos comenzado.  Aceptar que debemos cambiar nos iniciará en el camino de la trasformación.
La culpa debe ser superada, porque la única manera de seguir caminando es dejando la carga del pasado atrás e intentando aprender de él. El pasado debe servirnos para no volver a cometer los mismos errores.
La autocompasión debe ser atravesada  para dejar de sentir lástima  por nosotros mismos y para sentir que merecemos y queremos ser felices, dando una imagen más positiva a los demás. Quedarnos en la lástima y en la lamentación  no nos conducirá a ningún lado más que a quedarnos llorando por nosotros mismos y en buscar continuamente el apaño de los demás.  No debemos quedarnos atrapados en el dolor ni en la tristeza ni en la lástima. Son trampas que luego no nos dejarán salir para seguir viviendo con alegría.
La autocomplacencia también debe ser superada pues ella nos dirá que así como estamos, estamos bien, nos dejará  estancados en el mismo lugar sea este cual fuere.
 Ver quiénes somos debe provocar una movilización interna siempre buscando la superación. Deberemos ser fuertes para superar todos estos estados en los cuales  nos sentiremos caer. Porque al final, cuando vayamos tirando las piedras en el camino nos sentiremos mucho más livianos.
 No sólo se trata de sentirnos y de ser mejores, sino de usar nuestro conocimiento para enfrentar los problemas y para guiar nuestras vidas por el mejor camino. Seremos dueños de nuestras acciones, dejaremos de ser arrastrados como una hoja al viento para convertirnos en árboles firmes,  frondosos y en continuo crecimiento.

(Publicado en Periódico Cultural Hilando Recuerdos - http://hilandorecuerdos.blogspot.com/)

martes, 16 de noviembre de 2010

Ver para conocer y conocer para trasformar

Se dice que lo que nos diferencia de los animales es la razón. Este hecho fundamental hace que seamos generadores de ideas y estas ideas  o pensamientos a su vez generan distintos comportamientos. Es decir que nuestro comportamiento está determinado por nuestro pensamiento.
Si la forma en que nos comportamos se establece  en base a nuestros pensamientos, será en ellos donde deberemos detener nuestra mirada. ¿Qué pensamos? ¿Por qué pensamos lo que pensamos? ¿De dónde proviene lo que pensamos? En definitiva…  ¿quién determina nuestros pensamientos? Para responder a estas preguntas deberemos desarrollar una doble mirada, una que vaya hacia nuestro interior y otra que vaya hacia el exterior,  porque es del afuera de donde provienen nuestras ideas. Nos parezca una exageración  o no, somos una creación cultural. Lo que creemos no es natural ni casual, no se desarrolla en nosotros por sí sólo sino que está determinado por todo lo que nos rodea. La semilla de lo que somos viene desde afuera.
Entonces, para responder a esa pregunta que dice ¿por qué pensamos lo que pensamos?, tendremos que mirar hacia afuera e investigar. Para realizar esta investigación deberemos ser observadores, cuestionadores, analíticos, flexibles y reflexivos. Sólo ve el que sabe mirar y el que no sabe hacerlo deberá aprender para dejar de vivir en el engaño y la ilusión de un mundo del cual nos dijeron muchas cosas pero del cual en realidad sabemos muy poco. Es necesario cambiar la mirada hacia el mundo, sacarse las vendas que no nos permiten verlo en su justa dimensión. Y la justa dimensión sólo puede ser descubierta  por aquél que desee  vivir en la verdad.
 Todo lo que pensamos ha sido implantado en nuestras mentes. Nacemos vacíos de ideas y a medida que crecemos nos vamos llenando de ellas. Crecemos con una formación que no es elegida sino impuesta pues de niños no tenemos la capacidad de elegir ni de discernir. Entonces pensamos en cosas y creemos en cosas que nos fueron enseñadas. SOMOS LO QUE NOS ENSEÑARON A SER. A partir de ese bagaje cultural que nos fue legado nos desarrollamos sin detenernos a cuestionar todo aquello que hemos aprendido.  ¿Por qué cuestionar? Porque que te hayan enseñado las cosas de un modo determinado no significa que sean así. Nada más lejos de esta idea.  Para conocernos será necesario  observar y analizar nuestros pensamientos y nuestras creencias. No hay otro  modo de conocernos. Y para que el análisis sea verdadero deberemos ir hasta el fondo de todo. No hay análisis verdaderos si nos quedamos nadando en la superficie. Entonces, como dije, una mirada debe enfocarse en el afuera y otra hacia adentro. La mirada hacia afuera nos enfrentará con la realidad y la mirada hacia adentro nos enfrentará con nosotros mismos. La única forma de transformarnos es conociéndonos. Tomar consciencia de lo que somos nos conducirá al cambio. No se puede cambiar si no sabemos quiénes somos ni cómo nos comportamos ante el resto del mundo y menos si no sabemos cómo es ese mundo. Para poder llevar a cabo  todos estos cambios será necesario cambiar nuestra estructura mental volviéndola más flexible porque sólo una mente flexible es capaz de transformarse a sí misma adaptándose a nuevas ideas. Si la mente no permite que nada nuevo ingrese  en ella no habrá ninguna posibilidad de trasformación. Una mente rígida no puede aprender ni crecer. Ser rígidos significa no estar dispuestos a abandonar nuestro viejo ser con todas sus mañas y defectos,  ni con sus viejas ideas y costumbres inútiles.  Como seres humanos estamos llenos de conceptos acerca de todo cuanto nos rodea. El problema de estos conceptos o ideas que tenemos acerca del mundo es que jamás fueron revisados, analizados ni siquiera observados.  Pero para lograr esta observación  deberemos poner en marcha nuestra mente, convirtiéndonos en buscadores de la verdad y en cuestionadores de la realidad.
Lo que tú crees no es una verdad absoluta, no quiere decir que esa idea que tienes  sea la única posible.  Lo que sucedió es que jamás se te ocurrió pensar que las cosas podían ser de otra manera. El mundo para tí es como es  y todo lo que te han dicho de él es así y punto. Pero lo cierto es que ese punto final sólo lo pones tú, pero la novedad es que hay otros caminos, otras posibilidades y otro modo de ver la realidad.
La trasformación puede ser positiva. El mundo necesita trasformación y sólo nosotros podemos dársela. Pero para dar algo bueno cada uno debe cambiar y para cambiar debemos querer. La clave está en comenzar a cambiar desde adentro, despertando a la mente de su letargo y la mejor manera de despertarla es poniéndonos a reflexionar. Démosle uso a nuestra mente, explotemos nuestro potencial como seres humanos. No seamos seres mecánicos, no nos dejemos arrastrar por la vorágine de la masa, por ideas preestablecidas. Si la razón nos diferencia de lo animales hagamos un uso digno de ella, si la razón es nuestro tan preciado tesoro démosle alimento para nutrirla y hacerla crecer.

(Publicado en Periódico Cultural Hilando Recuerdos - http://hilandorecuerdos.blogspot.com/)

viernes, 5 de noviembre de 2010

Karina Schwerdt: Una artista plástica de gran sensibilidad

En su casa, en Pueblo Santa María,  tiene su pequeño taller donde trabaja horas y horas en soledad. “El trabajo de un artista es una tarea solitaria” dice -esperando reunir varias obras para exponer sus trabajos al resto de las personas y así poder trasmitir su talento y su filosofía de vida, pues en ella ambas cosas van unidas. (Publicado en Periódico Cultural Hilando Recuerdos - http://hilandorecuerdos.blogspot.com/)

De ojos profundos  y claros, de sonrisa amplia y amable, Karina nos invita a recorrer sus obras, explicando con pasión el significado de sus dibujos.
En sus telas se despliegan extraños seres de rostros misteriosos y mundos que no parecen pertenecer a este y que, sin embargo, dice “están íntimamente ligados con el mundo y con lo que somos”.
Ella siempre está observando, reflexionando, analizando y volcando en sus cuadros  sus sensaciones, sentimientos, pensamientos y conclusiones acerca del mundo que la rodea y de su propio mundo interior. Un mundo interior amplio y enriquecido por experiencias de vida pero por sobre todas las cosas por el aprendizaje que le han dejado esas experiencias. Porque ella cree que aquel que vive y no aprende nada no crece interiormente pero sobre todo “aquel que no piensa de forma reflexiva la existencia se queda estacionado siempre en el mismo lugar”. “Ser siempre los mismos no es bueno, es necesaria la transformación y la superación personal, pero para esto también es necesaria una revisión interna y un sinceramiento total que nos haga enfrentarnos con lo que verdaderamente somos, sólo así podremos mejorar y cambiar”, sostiene.
Karina es una artista plástica que hizo su propia revisión y transformación y que a pesar de su juventud desborda sabiduría en cada una de sus palabras y reflexiones. Pero su reflexión no quedó sólo en la búsqueda del autoconocimiento sino que fue  mucho más allá. La vida para esta artista es una especie de laboratorio experimental en donde observa y analiza el comportamiento humano que, según ella, tiene múltiples aspectos que deberían ser  cambiados. “Así se aprende observando pero siempre con la mente abierta y receptiva. Si la mente mantiene su hermetismo y se aferra a conceptos rígidos es difícil que absorba alguna cosa nueva”, asegura. “El mundo esta ahí para ser descubierto y nosotros para fluir, cambiar y crecer, no para quedarnos siempre en el mismo lugar y con las mismas ideas”.
Su arte tiene que ver con su forma de ver y sentir la vida. Pretende trasmitir, enseñar y trasformar. Las imágenes de sus obras reflejan su filosofía de vida, una filosofía que no queda sólo en palabras porque si hay algo que rescatar es la coherencia de sus pensamientos con su forma de vivir. Ella es lo que piensa y vive de acuerdo a ello. Una cosa que cuando se dice parece sonar obvia pero cuando se observa a nuestro alrededor no lo es tanto: ser coherente en los dichos y en los hechos. En un mundo de locura, de violencia y corrupción, de consumismo frenético y desmedido, de creencias huecas y de búsqueda y abuso de poder, Karina pone todo en su lugar a través de sus ideas claras, atrevidas para los ojos de quienes se aferran a sus estructuradas vidas o demasiado descabelladas para quienes no se atreven a ir un poco mas allá de lo que acostumbran pensar. Muy lejos de la locura o de la rareza está este ser de exquisita sensibilidad y de profunda observación. Ella afirma que lo único que hace es usar el pensamiento, el potencial que todos tenemos como seres humano y que no le teme a la libertad a la cual él conduce.
Esta artista tiene mucho que decir y su trabajo, que por ahora es silencioso, nos da la certeza que pronto va a dar que hablar. Y con respecto a él comenta que “si alguien que no está acostumbrado a mirar arte o que cree que el arte debe copiar la realidad, mis obras les parecerán extravagantes, raras y sin sentido. Sin embargo, en ellas hay muchos sentidos. Y eso es lo que quiero trasmitir a las personas no habituadas a este tipo de arte, que para trasmitir algo no hay que copiar lo que vemos sino que se puede recrear mundos nuevos a partir de la realidad o de lo que sentimos acerca de la realidad”. 
Sin detenernos a hacer un manifiesto de lo que es el arte, sus obras poseen un realismo mágico que nos transporta, que nos hace surgir múltiples sensaciones. Entendiendo o no su arte, si algo es seguro es que sus imágenes trasmiten belleza y talento. Sus dibujos de líneas delicadas y ondulantes, poseen magia y en un aparente caos de imágenes y símbolos, los cuadros se componen de forma armónica y ordenada.
Así es como a veces, en un pueblo pequeño donde aparentemente no sucede nada trascendental, podemos encontrar personas interesantes y con talento, que mucho pueden enseñarnos. Obviamente ser desconocidos no implica no ser grande espiritual y mentalmente hablando. Personas que trabajan en silencio y que están esperando la primavera para que el mundo los vea florecer.